lunes, 17 de junio de 2013

No todo tiene un final, pero todo termina

Como si tuviese este diario por años a veces lo veo eterno, pero por otro lado no quiero concluirlo. Como todo en mi vida, nunca lo termino. Un libro, una novela, una serie, un taller, una idea, un proyecto, una relación...
Por alguna razón, cuando veo venir el final me bajo del tren, ya esta. Se me va la intriga, pierdo interés. Como si el viaje fuera el real disfrute y no quisiera llegar a ningún lado, o como si realmente le temiera al final. Que cliché. Pertenezco a ese grupo: temerarios de tener que cerrar los ojos, de que se nos acaben los escalones, de sentir que el viaje fue en vano y por tanto, mejor quedarnos con la intriga, mejor pasar a otra cosa. ¿Cuantas veces te decepcionaron con ese amargo e infeliz final?.. O final real. ¿Qué puedo decir?, Hollywood me malacostumbró, o quizás fue la propia contradicción de mi madre (que termine comprendiendo humana tras los años), de vivir esperando un final feliz y al rato encontrarla llorando al son de: "no se como vamos a hacer". Y como para no perder la costumbre, no voy a terminar esto, y bueh, ¿quevasé?... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario